La perseverancia, un Don precioso
Por: Alejandro Rutto Martínez
Leonardo Da Vinci: "Si una persona es perseverante, aunque sea dura de entendimiento, se hará inteligente; y aunque sea débil se transformará en fuerte."
El hombre se bajó del bus en el cual había recorrido 300 kilómetros, se sacudió el polvo adherido a la ropa y llevó la caja de cartón, su único equipaje, a la acera. Una vez allí, empezó a colocar su mercadería en el piso.
La caja parecía una fuente inagotable de collares, pulseras, blusas para damas, juguetes, utensilios domésticos, baterías para radios y otra cantidad de artículos de bajo precio.
Una vez dispuesto su pequeño almacén callejero, empezó a ofrecer aquellos objetos a los transeúntes.
Su aspecto era de un extranjero acostumbrado a trasegar por los caminos inhóspitos del país y su lengua era de lo más extraño que se hubiera escuchado en ese lejano pueblo de provincia.
Ese día no era un día cualquiera: había llegado el primer árabe a un lugar en donde ellos harían parte de la historia.
Los clientes miraban y pasaban de largo.
Ninguno se detenía a observar las mercaderías ni a preguntar por su precio y mucho menos a comprarlas. Y así pasó todo el día y otro y otro más. Seguramente el hombre terminaría por empacar sus cosas y regresarse por donde había venido.
Y cualquiera se habría cansado de la indiferencia pero aquel hombre no era una persona cualquiera: se trataba de un árabe acostumbrado a afrontar las dificultades en las hirvientes arenas del desierto y no se rendiría ante el primer obstáculo.
Su virtud más importante le bastaba por todas las que no tuviera: perseverancia. La perseverancia es mantenerse constante en seguir, terminar lo que se ha comenzado es persistir cuando las circunstancias invitan (u obligan) a renunciar. Es mantenerse firme en una posición cuando los factores de la adversidad aconsejan la retirada.
Es continuar sin desvíos, adherirse firmemente a lo que se desea, aferrarse a los sueños y las ilusiones.
La perseverancia nos permite sobrevivir cuando perdemos la batalla; animarnos cuando la victoria parece imposible, recuperarnos cuando las fuerzas han llegado a su límite y volver a comenzar cuando hemos perdido la capacidad de luchar. Según el proverbio ruso Caer está permitido.
¡Levantarse es obligatorio!
Dicho en otras palabras, no hay ninguna garantía de que no afrontaremos momentos difíciles. Y cuando estos lleguen es posible que tengamos un tropiezo

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